Dentro del modelo, la inflación se ríe!
La evolución de los precios de los bienes y servicios, es decir la
inflación, resulta una constante en Argentina desde el comienzo mismo del siglo
XX.
La variabilidad de los precios y de las tarifas ha resultado un
sesgado determinante en las manifestaciones políticas, económicas y sociales de
la nación y en los periodos de descontrol la inestabilidad generada ha incidido sobre la
institucionalidad.
Muchos golpes de Estado ocurrieron a partir del quebrantamiento de la
economía. Militares y civiles reemplazaron a las expresiones propias de la
democracia con el fin de corregir, pero siempre el resultado fue la
profundización del modelo, el reconocimiento del fracaso, el regreso a un mismo
punto de partida.
Aunque arranque una sonrisa, es patético asumir que el peso creado por
Julio A. Roca por Ley (1130) de Unificación
Monetaria, tomada en cuenta la inflación ocurrida, equivaldría hoy a
un billón de pesos.Ese peso en enero de 1070 pasó a denominarse Peso Ley (18.188) y su
paridad fue un Peso Ley cien pesos
Moneda Nacional.La desvalorización inflacionaria promovió en 1983 (Alfonsín) el
dictado del decreto 22.707, promoviendo como nueva unidad monetaria el Peso
Argentino. La paridad era un Peso Argentino igual a Diez Mil Pesos Ley.
Sólo dos años después, en 1985, otro decreto alfonsinista, el 1096,
trajo el Austral. Un Austral eran mil pesos argentinos.
Con Menem, en l992, volvió el peso de la mano de convertibilidad
cavallista y cada peso resultaba diez mil australes.
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| Con inflación el salario se vuelve monedas y el peso vale nada. |
Los cuatro años de Néstor Kirchner (2003-2007) tuvieron un promedio de
inflación anual de 8,47%. Una tasa baja a lo largo de la historia, pero
contraria a la sensación alentada desde una beneficiosa situación
internacional, con los comodities en alza y sobre todo porque veníamos de una
crisis estructural que imponía correctivos.
La transición de Eduardo Duhalde había navegado en una inflación anual
del 25 por ciento, con recesión y crisis social.
Lo de De la Rúa no fue relevante. No tuvo inflación, pero el país se
detuvo y estalló.
Con Carlos Menem (1989-1999), aunque los cuatros dígitos
inflacionarios que heredo del alfonsinismo, logró contener el alud entre 1989 y
1990. El costo fue desregular la economía, privatizar, desindustrializar,
descapitalizar y poner la mentira de un peso un dólar en marcha. No hubo
inflación, hubo consumo, pero desaparición la Industria Argentina, dando paso a
la desocupación, la exclusión, la marginalidad.
Raúl Alfonsín no hizo nada. No supo o no pudo. La inflación anual
durante su período se disparó in límites.
El presente
El panorama, para nada alentador, ubica al Central sobre un mostrador
frágil desde donde debe controlar
diariamente el cambio, proveer al mercado de los dólares para el comercio
exterior, al turismo y demás transacciones. La casa central bancaria argentina está
ajustada, maniatada y sin salidas de emergencia a la vista.
Esta realidad pinta el presente de pasado y el futuro de gris oscuro: fuga
de divisas, fuerte déficit fiscal, inflación galopante e inseguridad jurídica, todo bajo el paraguas
deshilachado de un gobierno que se torna inoperante, desacierta en sus diagnósticos y en su accionar. No es casualidad, es
consecuencia de haber repetido la receta atándose a un modelo que asegura un
solo fin: riqueza para los que usufructúan del poder, inequidad para quienes en
el mejor de los casos viven de un salario devorado por la inflación.
Y el problema se potencia cuando la oposición con ceguera se vuelve
nula. No hay recetas macrobióticas. No hay engorde artificial ni se mantiene el
peso corporal caminando. La inflación se combate con eficiencia, achicando el Estado,
otorgándole el rol de mediador que debe asumir entre el capital y el trabajo;
garantizando juridicidad; sacando del medio al partidismo para alentar el
interés nacional. Otorgando garantías públicas y privadas. Afirmando la moneda,
cuidando sus fronteras e insertando en el mundo sin falsas especulaciones;
produciendo y generando riquezas; administrando con transparencia y honestidad.
Allí muere la inflación.
