F Pido la Palabra: La paritaria de la 9 mm.

viernes, 13 de diciembre de 2013

La paritaria de la 9 mm.



“….Oskar se aferra a su tambor y nada ni nadie puede despegarlo de su regalo. La maestra pretende quitárselo y el niño bate el parche cada vez que ella intenta hablar. Ante cualquier persona que pretenda despojarlo de su tambor, el niño grita con aullidos ensordecedores….”


La película El Tambor es mucho más que este párrafo, pero la imagen del niño estrellando los palos contra el parche para alejarse de la realidad es la que vi anoche en las pantallas de la televisión que difundía la fiesta de la Plaza de Mayo.
En 19 provincias de nuestro país, millones de argentinos se estremecían de rabia y terror envueltos en el mayor conflicto social de los últimos 12 años. La tormenta desquiciada que se desato el martes 3 de diciembre desde Córdoba ya barrió con la vida de ciudadanos y se llevó puestos más de 4000 comercios de diversos rubros en manos de saqueadores desesperados.
Nuestra Presidenta tocaba el tambor anoche en el escenario y el concierto de “Choque Urbano” se hacía añicos con el choque humano que atropellaba vidas en las calles de Tucumán, Chaco, Jujuy y Córdoba y dejaba cientos de heridos en la zona liberada en que se transformaron las provincias, territorios abandonados por los gobernadores, por las policías, el gobierno nacional y por supuesto abandonados por la razón.
La noche del 3 de diciembre el estado se hizo humo de las barriadas argentinas y el epicentro fue cordobés. El gobernador De la Sota, en un gesto inusitado e irresponsable, dio rienda suelta a un acuerdo extorsivo con la policía provincial acuartelada, que venía herida de muerte por el narco escándalo. La fuerza de seguridad agrietada entre cúpulas corruptas y enriquecidas y miles de agentes con sueldos miserables salió airosa y sorprendida gritando el éxito de una conquista que jamás había soñado: un aumento salarial de casi 60%. Así, un gobernador en retirada encendió una mecha que abre una historia con un final impredecible.
La “paritaria de la 9 milímetros” cundió como reguero por todas las comisarías y las calles del país se vaciaron de vigilantes mientras se llenaban de delincuentes, pungas, arrebatadores salvajes, mecheras, bandas, profesionales organizados, choritos noveles y hasta vecinos que debutaron ya adultos en el delito espontaneo. Vecinos cegados que bajaron las estanterías del almacén de la que son clientes. Tierra de nadie. Vale todo menos la vida de las personas. Todos sacaron a relucir palos, caños, fierros, púas, escopetas y los pobres contra pobres fueron los actores de un campo de batalla regado de plasmas, colchones, bultos y paquetes de yerba.
Nuestra Presidenta tocaba y tocaba el tambor mientras repetía que todo era un plan. Una obra “quirúrgica” concebida por conspiradores. Una obra de sangre y violencia para intentar tapar los festejos del 30 aniversario de nuestra joven democracia. Nuestra presidenta había visto una 4 x 4 entre cientos de motitos de 50 centímetros cúbicos, varios carros tirados por caballos pero miles de jóvenes, mujeres y hombres corriendo como un hormiguero enardecido entre alaridos, humo y pedradas.
Nuestra Presidenta se equivoca al ver en estos desmanes descarnados y evitables, un concierto coordinado para opacar su fiesta. La abrumadora mayoría de argentinos, diría la totalidad, quiere vivir en democracia. Todos celebran haber cruzado la línea de 30 años sin horrorosos golpes militares. Nada bueno, NADA bueno han dejado los gobiernos militares y los ciudadanos de este país han aprendido la lección. Nuestra presidenta debe estar tranquila por eso en vez de agitar los fantasmas de un recuerdo nefasto. La democracia ha sido un logro de millones de ciudadanos y existe una valoración justa y trascendente de sus virtudes.
Los violentos hechos, ojala ya sofocados, han dejado ver los salarios devorados por la desconocida inflación. Han corrido el velo que ocultaba la marginación de barriadas enteras que viven inundadas por las cloacas. Han estampado con mayúscula la desigualdad obscena entre los que más tienen y los que menos. Han mostrado que el hambre no es solo de arroz y azúcar. Y entre otras cosas han exhibido sin tapujos la corrupción sistemática que lubrica en silencio los resortes del poder político empujando el narcotráfico, la trata, el juego y otros flagelos. Estos hechos expresan una deuda social. Son los saldos que la democracia no ha cancelado en estos 30 años y no podemos admitir excusas y explicaciones que ocultan la falta de voluntad política para resolver el hambre y la miseria que padece el 20 por ciento de los habitantes de este país. .
El 10 de Diciembre transcurrió con pesar. Me hubiera sumado gustoso a todas las fiestas para conmemorar la reconquista democrática pero nuestros hermanos la están pasando muy mal y no se me ocurre ninguna música para semejante drama. La noche del 3 de diciembre fue la peor en Córdoba de los últimos 30 años, y las noches que siguieron fueron las peores en otras provincias. Los muertos me eximen de cualquier calificativo. La sangre habla por sí sola, la misma, que nos costó el 10 de diciembre del 83.
Entonces honrando tanto dolor, de ayer y de hoy valdría acallar como un homenaje todos los tambores.

(*) Publicado por La Nacion el 13/12/2013