F Pido la Palabra: Una obra en construcción

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Una obra en construcción



La verdad.

El 10 de Diciembre del 83, Raúl Alfonsín encarnó la reconquista democrática y echó a rodar una colosal rueda libertaria que a pesar del intento de algunos nostálgicos ha resultado imparable. Tan imparable que  empujó la historia hacia la gloria con aquella célebre alocución final de Strassera: “Quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino. Señores jueces: Nunca más!” Y los máximos responsables del genocidio fueron condenados.
20 años después, cuando algunos rayones de impunidad amagaron ensuciar los justos colores de la bandera de los derechos humanos, otro hombre decidido y lleno de coraje bajó el cuadro de Videla en la Escuela de Mecánica de la Armada. En un sencillo gesto, Kirchner puso la prepotencia y la soberbia de los dictadores donde debían estar, en el suelo.
Puedo afirmar sin temor, que estos dos instantes de grandeza y valentía me enamoraron para siempre de una causa que estoy seguro sólo nos hace mejores hombres, a medida que nos robustecemos en ella y con ella. Muchos dejamos de ser los mismos después de esos días en que se izara para siempre en la historia nacional otro pabellón para la humanidad.
Tanto creo que las cosas han sido así, que la Memoria dejo de ser un ejercicio para transformarse en una obra en construcción. En construcción permanente, como la Verdad Histórica que buscamos con pasión y responsabilidad.
La Verdad nos tiene manos a la obra y su realización no ha de detenerse nunca. Cada palabra, cada testimonio que sigue surgiendo a borbotones del subsuelo del olvido, viene derecho a la obra sin final de la construcción de la Verdad.
Pero frente a semejante edificación simbólica, cualquier tecnicismo jurídico, cualquier rutina procesal se vuelve una excusa oportunista.
Es lo que me sugiere la sola mención en el caso Milani del Principio de Inocencia, justo en las puertas de la aprobación de los pliegos para otorgarle el cargo que con honor llevó San Martin. Pero quien le explica esto a la madre del soldado Agapito Ledo o al hijo de Olivera?
Alguien pretende un palo en esa rueda imparable! Alguien quiere interrumpir la construcción permanente de la verdad que nos merecemos. ¿Por qué con razones de utilería electoralista? ¿Por qué?, si está probado que el sumario por “deserción” al conscripto Agapito Ledo es iniciado por Milani, en la Escuelita de Famaillá, el 28 de junio de 1976.
¿Por qué?, si en su declaración de 1984 ante la Comisión Provincial de Derechos Humanos de La Rioja, Alfredo Ramón Olivera, ex preso político, denunció que el “Teniente Milani” fue quien estuvo al mando de los efectivos militares que allanaron su casa el 12 de Marzo del 77 y se llevaron a su padre.
No condenemos a nadie. Nada de escraches ni linchamientos mediáticos. Dejemos que la obra continúe. Con sabiduría, se han apartado a decenas de funcionarios y militares ante la sola duda que los relacionara con los procesos de la dictadura. La sola existencia de estas denuncias al Sr. Milani debieran desalentar el absurdo capricho de promocionarlo a un rango que desde la percepción social solo lo coloca en las alturas horribles de la impunidad. Muy lejos de la justicia.
Mientras escribo estas líneas me llega el último informe del CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales) que, aportando nueva información, ratifica la impugnación al ascenso del militar y me atrevo a suponer que somos muchos más de lo que parece, los que pensamos que aún estamos a tiempo de reparar el tropiezo. Este aniversario espera que seamos capaces de hacerlo.
Tenemos la oportunidad de engrandecer nuestro homenaje a los 30 años de democracia, a las únicas tres décadas en democracia del último siglo y no podemos atascar ni siquiera por un instante el giro sagrado de aquella rueda, con un rollo de pliegos impregnados de dudas, y con la obediencia debida a la disciplina partidaria, como argumento para votar lo que nuestra conciencia sabe que está mal.