La verdad.
El 10 de
Diciembre del 83, Raúl Alfonsín encarnó la reconquista democrática y echó a
rodar una colosal rueda libertaria que a pesar del intento de algunos
nostálgicos ha resultado imparable. Tan imparable que empujó la historia hacia la gloria con
aquella célebre alocución final de Strassera: “Quiero utilizar una frase que no
me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino. Señores jueces:
Nunca más!” Y los máximos responsables del genocidio fueron condenados.
20 años
después, cuando algunos rayones de impunidad amagaron ensuciar los justos
colores de la bandera de los derechos humanos, otro hombre decidido y lleno de
coraje bajó el cuadro de Videla en la Escuela de Mecánica de la Armada. En un
sencillo gesto, Kirchner puso la prepotencia y la soberbia de los dictadores
donde debían estar, en el suelo.
Puedo
afirmar sin temor, que estos dos instantes de grandeza y valentía me enamoraron
para siempre de una causa que estoy seguro sólo nos hace mejores hombres, a
medida que nos robustecemos en ella y con ella. Muchos dejamos de ser los
mismos después de esos días en que se izara para siempre en la historia
nacional otro pabellón para la humanidad.
Tanto
creo que las cosas han sido así, que la Memoria dejo de ser un ejercicio para
transformarse en una obra en construcción. En construcción permanente, como la
Verdad Histórica que buscamos con pasión y responsabilidad.
La Verdad
nos tiene manos a la obra y su realización no ha de detenerse nunca. Cada
palabra, cada testimonio que sigue surgiendo a borbotones del subsuelo del
olvido, viene derecho a la obra sin final de la construcción de la Verdad.
Pero frente
a semejante edificación simbólica, cualquier tecnicismo jurídico, cualquier
rutina procesal se vuelve una excusa oportunista.
Es lo que me
sugiere la sola mención en el caso Milani del Principio de Inocencia, justo en
las puertas de la aprobación de los pliegos para otorgarle el cargo que con
honor llevó San Martin. Pero quien le explica esto a la madre del
soldado Agapito Ledo o al hijo de Olivera?
Alguien
pretende un palo en esa rueda imparable! Alguien quiere interrumpir la
construcción permanente de la verdad que nos merecemos. ¿Por qué con razones de
utilería electoralista? ¿Por qué?, si está probado que el sumario por
“deserción” al conscripto Agapito Ledo es iniciado por Milani, en la Escuelita
de Famaillá, el 28 de junio de 1976.
¿Por qué?, si en
su declaración de 1984 ante la Comisión Provincial de Derechos Humanos de La
Rioja, Alfredo Ramón Olivera, ex preso político, denunció que el “Teniente
Milani” fue quien estuvo al mando de los efectivos militares que allanaron su
casa el 12 de Marzo del 77 y se llevaron a su padre.
No
condenemos a nadie. Nada de escraches ni linchamientos mediáticos. Dejemos que
la obra continúe. Con sabiduría, se han apartado a decenas de funcionarios y
militares ante la sola duda que los relacionara con los procesos de la
dictadura. La sola existencia de estas denuncias al Sr. Milani debieran desalentar
el absurdo capricho de promocionarlo a un rango que desde la percepción social
solo lo coloca en las alturas horribles de la impunidad. Muy lejos de la
justicia.
Mientras
escribo estas líneas me llega el último informe del CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales) que, aportando nueva
información, ratifica la impugnación al ascenso del militar y me atrevo a
suponer que somos muchos más de lo que parece, los que pensamos que aún estamos
a tiempo de reparar el tropiezo. Este aniversario espera que seamos capaces de
hacerlo.
Tenemos
la oportunidad de engrandecer nuestro homenaje a los 30 años de democracia, a
las únicas tres décadas en democracia del último siglo y no podemos atascar ni
siquiera por un instante el giro sagrado de aquella rueda, con un rollo de
pliegos impregnados de dudas, y con la obediencia debida a la disciplina
partidaria, como argumento para votar lo que nuestra conciencia sabe que está
mal.
