De estadista a interesado puntero
La profunda
crisis que acechaba a Córdoba desde hace años, oculta entre los pliegues del
márquetin y las jugarretas engañosas de un gobernador que gobierna para los que
lo miran por tevé, al fin estalló y las consecuencias nos han alcanzado a
todos.
Ahora las
paritarias discutidas con una nueve milímetros sobre la mesa recorren el país,
provocando una ola que contraría los treinta años de democracia.
Guardado en
la ignorancia, el conflicto policial cordobés latía hace rato, desatendido,
oculto, despreciado. Quien más, quién menos, todos estábamos advertidos que en
el seno de la Policía de la Provincia una bomba latía, mucho más después de las
fisuras que provocó el narcoescándalo. Sin embargo, José Manuel de la Sota alzó
vuelo para pasearse por Panamá y Colombia.
La
detonación, basada en reclamos legítimos porque es imposible pensar que alguien
pueda vivir con un salario miserable como lo hicieron los policías honestos
durante años, arrastró a la barbarie a pícaros y malvivientes, a cómplices y
oportunistas, que pasaron por encima de Córdoba y los cordobeses como
langostas.
Convocado
con urgencia (debe haber sido por señas porque ninguno de sus funcionarios supo
ni pudo decir nada) pegó la vuelta y en lugar de actuar con mesura y prudencia,
regó con nafta el conflicto. El resultado fue el “Choreazo”; las antípodas del
Cordobazo, valiente, noble, genuino y rebelde.
Y tras la
crisis, cuando las motivaciones de inquietud social se han multiplicado, porque
ahora quienes dependen del Estado quieren aumentos parecidos y las cuentas no
dan, en lugar de responder a la altura de un estadista con pretensiones
presidenciales, con mezquindad actúa pensando no en la gente sino en la interna
partidaria, convocando no a los más capaces, sino a quienes pueden asegurarle
votos que perpetúen la condición de Emperador que ha asumido.
Córdoba no
va más. Córdoba se hunde. Y los cordobeses siguen remando. Y pese al esfuerzo
cívico, al reclamo social para que haya un giro de ciento ochenta grados, De la
Sota elige para componer un nuevo Gabinete a referentes territoriales que no
exhiben pergaminos para hacerse cargo de las responsabilidades conferidas.
Una vez más
el constructor de una inmensa maquinaria electoral que engaña con millones
invertidos en publicidad, con escenarios fiesteros y primeros pasos sin
trabajo, erró la patada cuando
la tenía
picando. El miércoles después de pasar por el “freeshop”, en lugar de aplacar
el fuego, roció el conflicto policial con nafta Premium, tasa vial incluida.
Cuando se anunció que había acuerdo y se superaba el diferendo, allí estuvimos
ofrecidos a colaborar, para volvernos con los aplausos de un acto cínico y
soberbio, propio de un festejo sin sentido.
Y no ha
tomado nota. Hoy como si hubiera tocado el cielo con las manos, luce un nuevo
equipo, con tantos cambios que podría suponerse que hasta el DT era
prescindible. De verdad, creí que De la Sota llamaría a las organizaciones
sociales, a las iglesias, a los trabajadores organizados, a los empresarios, al
Consejo Económico y Social, al Consejo de los Partidos Políticos y a los
referentes de las fuerzas de la oposición, para consensuar, para acordar; para
asegurar que los dos años de gobierno que le restan serán de mesura, de prudencia
y compromiso.
Pero está
claro, José Manuel De la Sota no es un estadista, no es un presidenciable; sólo
es un político hábil y tortuoso, que de la experiencia pasó a la improvisación
para convertirse en el número uno de los punteros.
(*) Publicado por La Mañana de C´ñordoba el 11/12/2013
