Hace falta humildad, un baño de humildad
En un día tan sensible como el estamos terminando, cargado
de nerviosismo y tensiones por la convocatoria de Hugo Moyano para mañana,
esperé con interés el discurso que anunciara
Cristina Fernández de Kirchner sobre el mediodía. Y debo confesar que me
causó estupor.
La Jefa de Estado no puede continuar desconociendo que el
salario no es una renta y que por lo tanto de ningún modo debe tributar, aunque
sólo sea uno el trabajador que pague ganancias. Y si para justificar lo que no
puede ser justificado, echa mano a cuestiones sensibles como anunciar otra vez
que pondrán el tren en marcha, ni confundir el Obelisco con la Pampa de Achala,
diciendo que todos los que trabajan están subsidiados, la cosa se complica. En
el interior, debe saber quien conduce los destinos de la Nación, la
electricidad, el agua y el transporte, cuestan el doble que en Capital y Buenos
Aires, donde ella disputa territorio.
Tampoco nos cae en gracia su afirmación de que "el mundo está al borde del
Titanic y este bote en el que está la Argentina lo hemos construido nosotros".
Es cierto y no desconocemos las mejorías, pero estamos haciendo agua. Hay
provincias y municipios que no pueden pagar los sueldos ni el medio aguinaldo; y
el despelote que armó la pesificación está escondido detrás del conflicto
presente. No ha sido resuelto.
Y si a la titular del Ejecutivo no le toleramos su
arrogancia, tampoco dejaremos pasar la petulancia de Moyano, interesado en
cobrar fuerza para mantener la CGT en sus manos, utilizando a una estructura
sostenida antes desde la sociedad con el poder y hoy de los logros obtenidos por
una minoría que le responde, que gana mucho y que con su mezquindad no piensa
en los que ganan nada.
Los dichos de Cristina y las respuestas de Moyano no nos
asustan, no nos meten miedo; no nos desubican. Seguimos pensando que es
necesario pensar en políticas a largo plazo, en el cómo dejar atrás a este modelo
que sigue sumergiendo a las mayorías, que distribuye mal, que se mantiene con
el voto cautivo.
Moyano y su paro y la incomprensión de la Señora Presidente,
a quien le demandamos un baño de humildad, cordura y temple para tranquilizar
las aguas, en lugar de provocar falsas olas que aprovecharán los que añoran el
pasado, nos hace pensar más que nunca en la urgencia que encierra el encontrar
consensos para construir un país parado en el equilibrio, en la equidad y en la
Justicia.
Este anhelo se nos escapa si la Presidente remplaza insultos
por insultos. Porque no es necesario que se auto referencie permanentemente;
porque la soberbia y la arrogancia también son insultos; porque no es bueno que
descalifique a quienes no piensen como ella afirmando “que no habrá extorsión
ni agravio para que la aparten del camino”, cuando más que nunca necesita
escuchar a la oposición constructiva y no detenerse con conceptos descalificadores
como afirmar que "los principales beneficiarios de este proyecto están
tratando de pinchar el bote con la lógica del escorpión”. Los principales interesados
no están enredados en pugnas internistas ni en pulseadas por el poder. Esperan
lo que necesitan.
