F Pido la Palabra: Córdoba enojada

martes, 22 de julio de 2014

Córdoba enojada

Hay que apostar al cambio!


Los usuarios sufren un transporte al que Ramón Mestre definió como revolucionario. 
Nada indigna más a un vecino que después de 45 minutos de estar parado esperando el colectivo, alguien le diga…maestro no andan los ómnibus, están de paro.
Esto le pasó ayer y hoy a la mañana temprano a miles de cordobeses desprevenidos que anoche volvieron caminando a su casa y hoy perdieron el jornal o fueron a trabajar a pata.
Algo anda mal y lo que no funciona no se arregla ni con palabras, ni con enojos. Hablar no es hacer y el que se enoja pierde. Por eso creo que hay que buscarle la vuelta a las cosas para encontrar las soluciones que terminen con la malaria.
Este intendente llegó queriendo a Córdoba y con su comportamiento la ha llevado al desprecio. Nadie que quiera a su Ciudad puede abandonarla como lo ha hecho, dejándola a oscuras, atravesada por ríos cloacales, tapada por yuyos y sin transporte.
Este último servicio, vital para los que viven lejos y menos tienen, da vueltas en el caos, generando protestas y reclamos que no se escuchan ni se solucionan.
Ramón Mestre asumió la intendencia prometiendo mucho para hacer nada. Está a la vista de todos que no supo ordenar y lo que para él era andar en caída no tiene freno, por más que en defensa del bipartidismo que nos gobierna desde siempre De la Sota le tire una mano.
El actual intendente prometió un Revolucionario Sistema de Transporte y lo que único que ha logrado es el desmantelamiento total y absoluto de lo que había, poco o mucho, pero real. A cambio de desmantelar la TAMSE y entregándole el transporte urbano de pasajeros a un par de pícaros que aseguran y se aseguran buenos negocios, el vecino de Córdoba se quedó de a pie.
Desde que Mestre es intendente el boleto aumento un 150 por ciento; la recaudación diaria del sistema de transporte fue centro de un escándalo (CBI) porque el dinero obtenido era apostado en una mesa de dinero; el intendente fue denunciado junto a su vice y colaboradores más estrechos por recibir dádivas de parte del concesionario del transporte; barrios enteros se quedaron sin ómnibus; los discapacitados han sido una y otra vez maltratados; los paros se repiten hasta formar parte del paisaje diario; la única empresa que no le responde a ERSA es permanentemente jaqueada, más allá de que como prestaría es más de lo mismo; un número millonario en subsidios internacionales, nacionales y provinciales han ido a parar a billeteras desconocidas sin rendición de cuentas de ningún tipo.
Este cuento horrible podrá terminar con el levantamiento de una medida de fuerza que sólo perjudicó a los usuarios, pero la cuestión de fondo sigue sin resolverse y no será resuelta en tanto no se actúe teniendo en claro que el Servicio Público de Pasajeros no es un negocio sino un servicio, tal como lo dice su génesis.
Esto lo hemos hecho público reiteradamente. Todo esto malhumora a los cordobeses. Todo esto nos lleva a insistir que hay otra manera de hacer las cosas y vamos a dar batalla hasta conseguirlo.