Vayamos por el título!
Había terminado el partido con Bélgica y loco de la vida disfrutaba de
los penales atajados por Romero, en quien confieso no creía al comienzo como a
muchos les pasó, cuando en un momento en el que me encontraba solo, me descubrí
tarareando “….Brasil, decime que siente tener en casa a tu papá!”.
Seguí con mis cosas, sin haberme dado cuenta que había caído en esa
magia tribunera que te lleva a defender a rajatabla tus colores, muchas veces
pasando el límite de lo que debe ser, de lo que lo que corresponde.
Ayer, feliz con el Subcampeonato mundial en nuestra manos después de
tantos años de sueños concluidos en fracasos, me dispuse a disfrutar, asumiendo
la alegría de todos pero sin dejar de pensar qué bueno hubiese sido volvernos
con la copa arrebatada por el buen equipo alemán pero mucho más por un árbitro
descarado que nos negó al menos habernos puesto en ventaja dentro del tiempo
reglamentario. Quizás el final hubiese sido otro.
Pero ya está. A llorar al campito. Ahora hay que desconcentrarse, tomar
impulso y volver a empezar. No sólo pensando en el Mundial 2018 en Rusia, sino
en qué haremos mañana para superar las dificultades del presente y comenzar a
construir el mañana que nos merecemos.
En ese espacio tenemos lugar todos. Todos aquellos que de los tiempos
difíciles hemos aprendido a disentir y a consensuar; a respetarnos por sobre
las diferencias, encontrando coincidencias; a admitir que se puede sentir
distinto y pensar distinto; a asumir que en la diversidad aparecen los tonos
adecuados y que no todo es blanco o negro. Esto es tolerancia, el polo opuesto
a lo vivido anoche por miles de argentinos que llegaron al obelisco y
terminaron acorralados por un puñado de
violentos, de zarpados, de idiotas útiles que son utilizados cada vez que hace
falta destruir para darle paso a una ambición personal y no a los sueños y
anhelos de las mayorías.
Y esto no se corrige con
palabras; tampoco a bastonazos. Venimos arrastrando desde hace años, como herencia
nefasta de los tiempos dictatoriales, conductas egoístas e individuales que nos
impiden ser un equipo, un sólo puño como Nación, un pueblo generoso para con
los restantes pueblos. Con los pueblos hermanos de por aquí cerca y con quienes
lejos muy lejos, viven, sienten y sufren como nosotros. Y no por un Copa
Mundial de Fútbol, sino por mucho más.
