La misma ilusión, el mismo compromiso.
De los
últimos cien años (1913 – 2013) sólo treinta los hemos vivido en democracia,
sin interrupciones dictatoriales alentadas por el conservadurismo.
De estas
tres décadas, una ha sido intensamente vívida por nuestra fuerza política,
joven vital, cargada de sueños y
compromisos.
El momento
que transitamos resulta un escenario difícil, complicado, sobre el cual,
montados en las defecciones del progresismo, lucen los personeros del retraso y
la miseria.
Como Partido
Nuevo, Frente Nuevo o Frente Cívico, nacimos de la mano de una crisis fenomenal
que levantó aquel anhelo incumplido de que se vayan todos. Por el contrario,
están de vuelta y han tomado impulso.
Nosotros
seguimos en la misma senda, con ilusión, con fe, con ganas. Aferrados a las
utopías; convencidos que tropezaremos una
y otra vez pero que al fin lograremos cumplir el sueño de ser gobierno y
gobernar para las mayorías. Estamos obligados a no bajar los brazos, debemos
hacernos fuertes en la tolerancia, en
las diferencias, uniendo voluntades entre parecidos para lograr que la igualdad
y la equidad sean derechos consagrados.
Venimos de
un tropezón y no ha sido suficiente el tiempo transcurrido para sacudirnos el
polvo de la caída. Pero nadie pasa más
allá del piso y levantarse es posible. Los únicos que no pueden hacerlo son quienes por sus virtudes quedaron
bajo tierra o fueron desaparecidos.
Hoy se cumplen diez años desde cuando entre un puñado de soñadores levantamos una legión de luchadores. Estamos vivos, estamos fuertes. Somos los únicos que como cuña nos metimos en medio del bipartidismo. Y les duele.
La lucha
continua y el que afloje, tendría que haberse bajado antes de este acorazado
orgulloso que no suelta sus remos.
