La lucha sigue siendo ética y de principios
Sobre el Cordobazo y cerrando una crónica que hizo historia, Rodolfo Walsh supo escribir: “Es el pueblo.
Son las bases sindicales y estudiantiles que luchan enardecidas con el apoyo total de la población. Es la toma de
conciencia contra tantas prohibiciones. Nada de tutelas ni usurpadores del
poder, ni de cómplices participacionistas”.
El desaparecido y luchador periodista militante también decía que “…el
saldo de la batalla de Córdoba, el Cordobazo, es trágico. Decenas de muertos,
cientos de heridos. Pero la dignidad y el coraje de un pueblo florecen y marcan
una página histórica argentina y latinoamericana que no se borrará jamás. En
medio de esa lucha por la justicia, la libertad y el imperio de la voluntad del
pueblo, sepamos unirnos para construir una sociedad más justa, donde el hombre
no sea lobo del hombre, sino su hermano”.
Walsh advertía "…nuestras clases dominantes han procurado siempre
que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes
ni mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas
anteriores. La experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La
historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas
las cosas. Esta vez es posible que se quiebre el círculo...".
Se cumplen cuarentaicuatro años y el escenario sigue siendo el mismo,
con los partidos tradicionales compartiendo la defensa de un sistema que los
beneficia, evitando que los
cuestionadores hagan que las injusticias y los atropellos sean disimulados con
maquillajes, utilizando la dádiva, la
prebenda, el caradurismo, la corrupción,
porque les interesa vivir bien de la política y no que todos vivan mejor.
El Cordobazo tuvo en el Mayo Francés del 68 el despertar comprometido de los jóvenes
plantando un antecedente que se convirtió en ejemplo. Nuestro 29 de Mayo, hermano
mayor del Rosariazo, del Mendozazo y de otras muchas luchas populares que
recorrieron el país reclamando libertad y Justicia, pese al oportunismo de las fuerzas
tradicionales, aquellas que desde un
bipartidismo más vigente que nunca negocian sin vergüenza aceptando la
proscripción como cuestión natural, dio por el suelo con los sueños imperiales de Onganía dando paso a una
generación de militantes comprometidos,
éticos y solidarios, que enfrentaron a la brutal dictadura del 76, entregando su vida,
padeciendo la cárcel o ser desaparecidos.
Como fenómeno social, el Cordobazo insinuó el necesario camino común
de los sectores populares, de obreros y estudiantes, señalando una unidad que
en las calles encontró caminando juntos a Elpidio Torres, Atilio López y
Agustín Tosco.
Desde entonces Córdoba es Córdoba
y la oportunidad del cambio sigue latente, porque cada día que pasa se hace más
necesario terminar con los gobiernos que se alternan dejando siempre como resultado
el padecimiento de los sectores más necesitados. Hoy después de treinta años de
gobiernos en democracia, con la UCR primero y Unión Por Córdoba después; con
cuatro mandatos consecutivos de la empresa política que creó José Manuel De la
Sota, la Córdoba del Cordobazo muestra
las huellas de los negociados hechos desde el poder con amigos, padece
el más elevado índice de desempleo
del país, un alto crecimiento de la pobreza y está sumergida en la inseguridad.
