Con la Justicia no se juega!
El oportunismo en política es moneda corriente y no falta
desfachatez entre quienes detentan el poder para hacerse de una situación y
sacarle provecho. Frente a esta conducta hay que tener muy en claro que
mientras en las pantallas televisivas los funcionarios de gobierno se conmueven
por el fallo absolutorio en la causa por la desaparición de Marita Verón,
duerme postergado en el congreso con media sanción que le otorgó el senado a
fines de agosto del 2011, por determinación del oficialismo, un Proyecto de Ley
de Tratas imponiendo sanciones ejemplarizadoras para tan aberrante delito.
Hoy aferrada a la necesidad de proteger su figura pensando
en el 2015, diez años después de la desaparición de Verón y con imputados de acusaciones
frágiles, Cristina Fernández brega a puro grito por la democratización de la
Justicia, cuando en verdad lo que hace es politizarla.
Esa Justicia a la que critica, es la Justicia de los
Alperovich, sus dilectos socios en el Jardín de la República. Es la Justicia
tucumana , la misma (lo dice el propio Alperovich) que aun hoy cobija a jueces de la
dictadura.
En tanto en Córdoba, distraído como el ganado cuando pasta
mientras pasa el tren, desatendido del irresuelto asesinato de Nora Dalmasso y
sordo ante las irregularidades que vinculan
a algunos de sus funcionarios con prostíbulos en Cruz Alta, el Gobernador De la
Sota hace relucir sus ficticios pergaminos afirmando “nosotros combatimos la
trata de personas”.
Los dos mienten. Cristina Fernández porque mientras dispara
contra la Justicia no democratizada, no deja de condicionar a los jueces que
con criterio independiente y apegados al derecho no aceptan caprichos a la hora
de resolver el entuerto que el kirchnerismo tiene con Clarín. Se resuelve
fácil: aplicando la Ley.
Y el gobernador del “cordobesismo”, mudado a la capital
alterna de la provincia, Río Cuarto, no ha movido un dedo para saber cómo y por
qué mataron a Dalmasso de Macarrón, sepultada bajo dudas y sospechas; y lo de
Cruz Alta duerme "olvidado” en un burocrático cajón. En Córdoba no hay
Justicia independiente.
El primer paso que hay que dar para democratizar la
Justicia, es no sólo proclamar sino
respetar la independencia de los poderes. Ni en el país ni en Córdoba esto
ocurre.
La seguridad pública, la Justicia, exigen de profundas
reformas que aseguren su democratización, su capacidad para prevenir el delito
terminando con la impunidad y la ineficacia en la investigación.
Pero este tema no se aborda si la coyuntura no lo demanda.
Claro, si la sociedad lo pide queda bien dar un respuesta demagógica. Es por
ello que cada vez que se presenta un pico en la exigencia social por más y
mejor Justicia, con creatividad y efecto propagandístico, a pura manipulación,
los responsables de la que Justicia se haya “oyarbizado” salen a pregonar sus
pretensiones de cambiarlo todo, de ir por una mejora fondo cuando hasta el
presente fustigaron a los probos y premiaron a los obsecuentes.
El camino no es decir por decir; el camino no es tomar el
poder como si fuera propiedad privada para anunciar grandilocuencias.
Democratizar la Justicia es, en el marco del juego en equilibrio de los tres
poderes del Estado, generar un amplio arco político y social para crear
entonces bases firmes y alcanzar una reforma integral del sistema jurídico y de
seguridad.
