Pocos días después de las elecciones del último domingo, el
palco en el que Juan Jure celebró su triunfo electoral ha quedado chico.
No sólo estuvieron a su lado aquellos que lo acompañaron en
el tremendo desafío de enfrentar a la pornografía electoral, sino que, sin
pudor y despojados de toda vergüenza, dirigentes vencidos por el pasado
pugnaron por hacerse un lugar frente a
las luces y las cámaras fotográficas, algunos sin lograrlo y alcanzados por los
silbidos.
Muchos de los votantes del reelecto intendente,
representante de una militancia radical no contaminada, dispuesto a sumar y no
a restar impulsando una construcción política amplia, se preguntan sin respuesta que hacían allí algunos
personajes.
De esta realidad no se hizo eco el más señero medio gráfico
de la ciudad de Córdoba, al editorializar sin eufemismos que en Río Cuarto fue
recuperado el “equilibrio” bipartidisita (UCR/UPC) como garantía de
“gobernabilidad y pluralismo”.
De esa comparsa bien podría haber participado el gobernador
José Manuel De la Sota, vecino patrón de la ciudad del Sur, pero además socio
con acciones de oro en el acuerdo caduco que pretenden perpetuar.
Es que De la Sota, padre, tutor o encargado de Minardi, vencido
con votos pese a la grosera sucesión de festivales e inauguraciones que
soplaron velas para ponerlo proa a la intendencia, debe sentirse reconfortado porque
en la celebración de la victoria se hayan colado socios del presente, como Ramón
Mestre juniors, presuroso en llegar a la fiesta y enojado con Aguad porque
desde la Legislatura lo hace petardear por su yerno por andar del brazo con el
otra vez gobernador; el mismo Aguad que ve fantasmas donde hay certezas y por
lo tanto trata de no pasar cerca de Corrientes o Mario Negri, decidido a mantenerse en un
equilibrio que le asegura siempre estar.
De la Sota no se trepó al palco pero sonrió por la presencia
de sus amigos, en tanto a Jure, ganador legítimo y con mucho esfuerzo porque la
corporación es poderosa, le han quedado enormes dudas.
Es que en campaña, por todos los medios y gastando mucha
plata, el titular del Poder Ejecutivo de la provincia hizo saber que si no
ganaba su pollo no habría ayuda para Río Cuarto.
Por si fuera poco, a una obra tan sentida como es la autovía
que uniría a la segunda ciudad de la provincia con la Capital, le puso nombre:
Minardi. Si no ganaba su candidato, no había nueva ruta.
Estas torpezas y algunas más hicieron que el Imperio del Sur
se cerrara en torno a su intendente y éste con apoyo popular inicia su segundo
mandato.
La pregunta resulta obvia: que hará desde el panal José
Manuel de la Sota con las mieles del poder: ayudará sólo a quienes entren en su
colmena? Marginará a los que se les ocurra decir yo pienso distinto? Para los
gobiernos ajenos a Unión por Córdoba no habrá dulzuras?
No hay que dudar que cuando nuevamente ciudades importantes
sean expuestas al riesgo de las urnas, de la Sota volverá con la andanada de
inauguraciones de obras innecesarias,
luces de colores, florcitas en los jardines y costosas presentaciones de
artistas que por una noche frente a un puñado de espectadores sin otro interés
ciudadano que escuchar a quienes pagando entrada no podrían, se llevan un
montón de plata.
Pero las experiencias enseñan y aquello que “donde a De la
Sota lo conocen no lo votan”, una y otra vez se convierte en realidad: fue
elegido gobernador con la Capital en su contra; quiso poner un pie en Carlos
Paz y le fue mal; probó en donde vive y Río Cuarto eligió a Jure, apoyado por
muchas fuerzas, entre ellas el Frente Cívico.
Pero, y lo dije el mismo domingo mientras un montón de
especuladores se levantaban las medias
para colarse en una foto que sólo los tomó del pescuezo para arriba, yo no me
cuelgo del cogote de nadie. Ganó Jure y ojalá podamos coincidir en el futuro
que el cambio que la gente procura se hace con decencia, con la gente y no con
los de siempre.