F Pido la Palabra: La tragedia de Pilar tiene historia

lunes, 4 de agosto de 2014

La tragedia de Pilar tiene historia

La explosión del gasoducto de Pilar trajo más oscuridad y luto. 
Corrupción y descontrol

Transcurrido el fin de semana la tragedia en Pilar sigue siendo noticia. Los medios de comunicación se han ocupado del tema y seguirán ocupándose en los próximos días. Una familia está de luto y otras aguardan la recuperación de sus seres queridos. Los habitantes de siete localidades esperan la restitución del servicio y numerosas plantas industriales se ven impedidas de trabajar. Todo será así hasta que el olvido venza a la memoria y como en Cromañón, en el accidente ferroviario de Once o en Rio Tercero el paso del tiempo atenúe el dolor y la bronca.
La central Pilar, está vez de la manera más impensada, volvió a ser noticia y no por casualidad. La ausencia del Estado en sus responsabilidades de control es una realidad constante y allí están las consecuencias.
Un año atrás en Rosario, más precisamente el 6 de agosto, un edificio volaba por los aires sembrando dolor y muerte. El hecho movilizó el espanto y con apuro se dispararon los controles. Desde entonces siete edificios públicos de Córdoba, entre ellos escuelas, guarderías, centros de atención de prematuros y hospitales, carecen de gas natural porque sus instalaciones no fueron en tiempo y forma debidamente controladas, por lo que no estaban en condiciones de ser utilizadas.
Curiosamente, este gobierno, responsable de esa morosidad, frente a lo ocurrido con el ducto de traslado de TNG que abastece a la Central del Bicentenario, se sacó las hormigas del hombro y cargó contra la nación buscando réditos en su pulseada.
Es increíble pero el delasotismo pretende interpelar en Diputados de la Nación a la Secretaría de Energía de la Nación, cuando en Córdoba niega a la oposición conocer qué pasa, por caso, con el Edificio del Pablo Pizzurno, complejo edilicio en el que funcionan ministerios sensibles como Desarrollo Social y Salud, todavía privados de gas natural.  
Pero volvamos a la Central de Pilar, signada por la corrupción y la oscuridad, ahora inmersa en un  capítulo trágico. Hemos denunciado con documentación, y hasta el cansancio, hechos irregulares que hicieron de una obra energética un ícono de la corrupción. Sobreprecios, deudas millonarias intereses usurarios, combustible adulterados y otras yerbas, componen un cúmulo de situaciones que generan vergüenza e impotencia.
La explosión del gasoducto ocurrida el viernes a media mañana provocándole la muerte a una persona que de pura casualidad pasaba en ese luctuoso momento por el lugar, pudo y debió haberse evitado. Si no lo fue, es porque primó la negligencia.
Sabemos que la corrupción mata. Nadie en su sano juicio podrá decir que la explosión de un caño que transporta gas al por mayor puede ser producto de la casualidad. Hubo una falla grave y deberá la justicia, provincial o nacional, estar a la altura de las circunstancias para poner blanco sobre negro. Los responsables deberán ser individualizados y responder por sus actos. Las víctimas, los trabajadores de la Central Bicentenario, el pueblo de Pilar y los ciudadanos de Córdoba merecemos respuestas ajenas a la especulación berreta de quienes se pasan la pelota, se sacan el lazo y miran para otro lado escondiendo sus vicios.  
Con su historia La Central del Bicentenario dejó de ser un simple dolor de cabeza. La corrupción es epidemia y quienes deberían enfrentarla se distraen en campañas cargadas de banalidad y ambición personal.