Amado Ramón!
Aunque ambos se nieguen a reconocer sus problemas con la Justicia y la
Justicia no siempre responda a las necesidades ciudadanas, ambos están en
problemas.
La inconducta de uno y otro, tienen un sino paralelo: la ambición personal,
cualidad que en los individuos que patean la calle en el día a día es buena,
pero mala entre aquellos que eligieron representar a los ciudadanos en
funciones de Estado.
El vicepresidente sigue gozando de una impunidad vergonzante. Ya no
sólo está bajo la lupa por Ciccone - si se quiere una causa mayor- sino que está enredado en la titularidad de un coche, con
transferencia trucha y fecha fraguada.
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Bueno sería que el señor vicepresidente deje la fiesta, abandone la
guitarra, que nunca más actúe con la Mancha de Rolando y dando un paso de apego
a la conducta republicana ofrezca su buena fe posibilitando que las
Instituciones no se manchen. Pero no todo depende de él, hay que brindar gestos mayores pensando en el futuro y no
pasitos cortos inspirados en la especulación.
Algo parecido le ocurre al Intendente. Fue por mucho y pudo poco. Sus
ganas de frenar la caída se estrellaron contra el piso y el orden que lo
inspiraba terminó en un despelote total.
Claro, pararse firmemente frente a ambos desaciertos hace que algunos
digan…denuncias, siempre denuncias. Claro, la inconducta lleva a manifestar lo
que no corresponde y será así hasta tanto el comportamiento que pregonamos
desde que irrumpimos en la política sea la única moneda: ética, conducta, transparencia.
Valores universales y comunes que, paradojalmente, no todos somos capaces de
practicar.
Mestre recibió dádivas, festejó en Corrientes los cincuenta años de
ERSA –Mariano Iudica animó la fiesta y Palito Ortega ofreció su repertorio-,
previo a posibilitarle ser titular de la tercera parte del transporte en
Córdoba y meterle mano a la basura, viajando junto a sus colaboradores más
estrechos en avión y gratis.
Las encerronas de Mestre y Boudou tienen una única
salida, permitir que la Justicia juzgue, que actúe libre de ataduras y sujeta
sólo al bien común.
Ramón Mestre, Ramoncito para los amigos, debe entender que le hace
mal, y no sólo a él sino a su investidura, interponer una chicana valiéndose de
un abogado sin escrúpulos para sacarlo del medio al fiscal anticorrupción
Amayusco, al que hemos criticado muchas veces pero en ésta lo bancamos. Es
obligación del representante del Ministerio Público avanzar en la causa sin
dilaciones y si hay pruebas que ameriten la imputación, imputar.
Del mismo modo, Amado Boudou lejos de esconderse en la mayoría
numérica del Senado, debe despejar las sospechas sobre su conducta dándole paso
a la Justicia, delegando sus funciones hasta tanto quede en claro que su foja
es transparente, o no.
Mientras, si ambos insisten en comportarse como se comportan, la
figura es una sola. Mestre se parece a Boudou, Boudou es parecido a Mestre.
Amado Ramón está en escena.
