El KOT no puede ocultarse
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| Los especuladores no perdedonan, ni aquí ni en el mundo entero. No tienen alma. |
El golpe fue
tremendo. Un directo a la mandíbula y el país, como Maravilla Martínez ante Cotto,
ha sufrido el revés con contundencia.
La única diferencia es que el Gobierno no
puede alegar sorpresa, porque dos fallos anteriores daban puntos favor a los fondos
buitres y poco, o mejor dicho nada, podía esperarse de la Corte de los Estados
Unidos.
Ahora en lo jurídico
queda una sola instancia, dificultosamente posible: la petición de reconsiderar
el fallo del juez Tomas Griesa, denegado en esta instancia, puede ser recurrido
con un pedido de reconsideración que en escasas situaciones resultan aceptados.
Firme el fallo deberemos afrontar el pago de 1.330 millones de dólares, al contado
y en plazo perentorio, a los capitales
especulativos sin color de origen.
Curiosamente,
esta decisión de la justicia norteamericana sucede a las deliberaciones
realizadas en Santa Cruz, Bolivia, por el Grupo G77 + China, que en uno de esos
capítulos aborda el pago de las deudas eternas denunciando el sometimiento de los
países poderosas sobre las nacionales en vías de desarrollo o todavía sumergidas
en la miseria.
Deuda
externa y pobreza son dos realidades que van de la mano, realidad que hace que
los humildes del mundo sostenga el buen pasar de los pícaros.
Argentina en
los últimos diez años, es decir en el transcurso de la pretendidamente “Década
Ganada”, ha desperdiciado la oportunidad de, habiendo hecho buen uso de los
excedentes obtenidos por el buen andar de los comodities, corregir las
desigualdades aplicando equidad en la distribución de la riqueza e igualdad de
oportunidades.
Sin embargo el jubileo fue aplicado para revivir el Estado sobredimensionado, el descontrol
de las cuentas públicas y la contención de los votos cautivos mediante subsidios
a la precariedad, cuando hubiese correspondido generar fuentes de trabajo, salario
y dignidad.
Debo decir
con claridad que más allá de la responsabilidad que al kirchnerismo le cabe, el
endeudamiento nos aplasta desde hace treinta años, echando sus raíces en la última
dictadura, fortaleciéndose con el neoliberalismo cavallista de los noventa,
reflotado después del menemismo por el mismo maestro ciruela y aun latiente fruto
de no haber tomado la deuda por las astas, porque para el oficialismo de hoy,
desde su sol naciente en el 2004, fue más importante especular sosteniendo el modelo que refundar
la República.
Ahora, en el
camino por el que vamos, poco queda por hacer. Como era de presumir, Estados
Unidos ha desconocido la existencia de Los Fondos Carroñeros, aquellos que operan
en las
economías de
todo el mundo detectando una deuda impaga y saldándola ante el acreedor.
Luego de ese
paso, presionan al país que emitió el título para lograr sumas más elevadas que
la deuda original,
incluso bajo amenaza de llevarlo ante un tribunal.
Son aves de
rapiña que compran bonos viles a precio módico, papeles lanzados al por Estados
con problemas económicos financieros,
grupos rapaces que no dudan en llegar a instancias judiciales e dudoso valor
pero efectivo cobro que los llevan a obtener sumas multimillonarias. Ese es
nuestro caso.
Como
consecuencia, los mil trescientos treinta millones de verde que los argentinos
deberemos hacer efectivo, cargará su peso sobre las espaldas de los más débiles.
El Gobierno no tiene dólares y de algún lado deberá obtenerlos. Aumentará
entonces la inflación, caerá aún más el consumo y los perjudicados serán los
pequeños empresarios, quienes viven de un salario que se destruye día a día y,
mucho más todavía, aquellos que continúan sumergidos en la marginalidad.
El mandoble
de la Corte norteamericana nos dejó boca arriba y mirando brillar las luces.
Negar el KOT es imposible y para salir no hay que hacer fintas ni engaños, hay
que aceptar el fracaso y la torpeza para dar un giro de ciento ochenta grados
porque el país y su gente no pueden esperar.
