El Cordobazo de hoy
El paso del tiempo y la recurrencia de los padecimientos de las
mayorías ubican en el almanaque al Cordobazo mucho más cerca de los cuarenta y
cinco años transcurridos.
Aquella gesta que parangonó al mayo francés, nació en el rechazo común
de obreros y estudiantes a la dictadura de Juan Carlos Onganía, de espíritu
imperial y pretensiones de eternización.
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| La lucha del presente nos lleva a la unidad por sobre las diferencias. |
Tres años de avasallamiento bajo condiciones sociales humillantes y de
desprecio al pueblo, concluyeron en una firme y decidida resistencia que
recorrió el país. Córdoba, una vez más fue escenario protagónico y en sus
calles irrumpió con firmeza la unidad
obrero estudiantil.
Los estudiantes peleando contra el ingreso restringido que apuntaba a
una universidad elitista y los obreros levantando su voz de pelea ante el propósito de
cercenarles el descanso después del mediodía del sábado. Mayo del 69 los
encontró unidos, dispuestos a enfrentar a una dictadura que gobernaba el país con
la complicidad de conducciones sindicales colaboracionistas.
Onganía cayó y llegó Lanusse; Lanusse no pudo y llamó a elecciones;
Cámpora trajo una primavera que López Rega la convirtió en el invierno de Videla,
Massera y Agosti, el más nefasto período de facto que vivimos los argentinos,
con muertos y desaparecidos, pero además con la afirmación de un proyecto
devastador de la economía nacional y concentrador de la riqueza en manos de
pocos.
Luego vino Alfonsín, restaurador de las instituciones pero incapaz de enderezar
la economía. Con Menem el neoliberalismo sentó raíces y desde entonces la
inequidad en la distribución de la riqueza, la desigualdad en las oportunidades
y por sobre todo la corrupción apañada por el poder se ha ido afirmando.
Frente a semejante realidad, la pregunta que cabe formularse es si
hoy, 45 años después, la consigna del “…paso, paso, paso, se viene otro Cordobazo”
tiene vigencia.
Nadie duda que en tres décadas de democracia la amenaza de la
desestabilización no existe, pero la firmeza constitucional no se traduce en
beneficios para los postergados, ni para quienes viven de su salario.
De hecho en la Córdoba del bipartidismo –tres mandatos radicales,
cuatro del justicialismo- se repite el
mismo amanecer bajo una misma y triste realidad: Córdoba no es una isla y hace
agua.
Córdoba provincia, a contrapelo de los propósitos presidenciales de su
Gobernador, lleva sus contabilidad en rojo, carece de seguridad, la educación es
analfabeta, la salud está enferma, la seguridad es insegura y la Justicia
injusta.
En Córdoba la policía se amotina y los delincuentes ganan la calle; el
narcotráfico usa uniforme; es detenido quien anda de gorra y calza zapatillas;
siguen siendo aulas fríos contenedores que maltratan a los alumnos; atenderse
en un hospital público le provoca dolores de cabeza a quienes van por una aspirina
y un fiscal decide sin vueltas ni investigación sobre un suicidio que huele a
crimen. Esta realidad no es nueva, pero tampoco es de ayer. Es obra y
consecuencia de las políticas impulsadas por el mismo personaje que hace y
deshace por conveniencia, aquel que pasea por los medios nacionales proclamándose
capaz de unir a los argentinos en tanto sostiene su credibilidad con alfileres, márquetin y
mentiras.
Habría que agregar que tan patética imagen tiene su correlato en la
ciudad, con “un imberbe” intendente de cuño privatizador que vino a poner orden en el
manejo de los fondos y llama a concursos truchos; que apuesta en la timba
financiera la recaudación del municipio; que con los cambios en el transporte
favoreció a socios y amigos perjudicando a los vecinos; que prometió parar la
caída y lo único que ha logrado es que los baches, el alumbrado, la limpieza,
la recolección de residuos y la atención en los dispensarios vengan en picada.
Cuatro décadas largas transcurridas desde el Córdobazo nos obligan a
responder con inteligencia. No hay lugar para rebeldías y gestos heróicos como
el de Mayo del 69. El Cordobazo de hoy es construir ideas y reunir mayorías,
poniendo en práctica los principios de Unidad que hicieron que, a pesar de sus
diferencias, Agustín Tosco, Atilio López y Elpidio Torres pudieran pelear codo a
codo por una Córdoba para todos.
