F Pido la Palabra: Paso, paso, paso…

martes, 27 de mayo de 2014

Paso, paso, paso…

El Cordobazo de hoy

El paso del tiempo y la recurrencia de los padecimientos de las mayorías ubican en el almanaque al Cordobazo mucho más cerca de los cuarenta y cinco años transcurridos.
Aquella gesta que parangonó al mayo francés, nació en el rechazo común de obreros y estudiantes a la dictadura de Juan Carlos Onganía, de espíritu imperial y pretensiones de eternización.
La lucha del presente nos lleva a la unidad por sobre las diferencias.
Tres años de avasallamiento bajo condiciones sociales humillantes y de desprecio al pueblo, concluyeron en una firme y decidida resistencia que recorrió el país. Córdoba, una vez más fue escenario protagónico y en sus calles  irrumpió con firmeza la unidad obrero estudiantil.
Los estudiantes peleando contra el ingreso restringido que apuntaba a una universidad elitista y los obreros levantando  su voz de pelea ante el propósito de cercenarles el descanso después del mediodía del sábado. Mayo del 69 los encontró unidos, dispuestos a enfrentar a una dictadura que gobernaba el país con la complicidad de conducciones sindicales colaboracionistas.
Onganía cayó y llegó Lanusse; Lanusse no pudo y llamó a elecciones; Cámpora trajo una primavera que López Rega la convirtió en el invierno de Videla, Massera y Agosti, el más nefasto período de facto que vivimos los argentinos, con muertos y desaparecidos, pero además con la afirmación de un proyecto devastador de la economía nacional y concentrador de la riqueza en manos de pocos.
Luego vino Alfonsín, restaurador de las instituciones pero incapaz de enderezar la economía. Con Menem el neoliberalismo sentó raíces y desde entonces la inequidad en la distribución de la riqueza, la desigualdad en las oportunidades y por sobre todo la corrupción apañada por el poder se ha ido afirmando.
Frente a semejante realidad, la pregunta que cabe formularse es si hoy, 45 años después, la consigna del “…paso, paso, paso, se viene otro Cordobazo” tiene vigencia.
Nadie duda que en tres décadas de democracia la amenaza de la desestabilización no existe, pero la firmeza constitucional no se traduce en beneficios para los postergados, ni para quienes viven de su salario.
De hecho en la Córdoba del bipartidismo –tres mandatos radicales, cuatro del justicialismo-  se repite el mismo amanecer bajo una misma y triste realidad: Córdoba no es una isla y hace agua.
Córdoba provincia, a contrapelo de los propósitos presidenciales de su Gobernador, lleva sus contabilidad en rojo, carece de seguridad, la educación es analfabeta, la salud está enferma, la seguridad es insegura y la Justicia injusta.
En Córdoba la policía se amotina y los delincuentes ganan la calle; el narcotráfico usa uniforme; es detenido quien anda de gorra y calza zapatillas; siguen siendo aulas fríos contenedores que maltratan a los alumnos; atenderse en un hospital público le provoca dolores de cabeza a quienes van por una aspirina y un fiscal decide sin vueltas ni investigación sobre un suicidio que huele a crimen. Esta realidad no es nueva, pero tampoco es de ayer. Es obra y consecuencia de las políticas impulsadas por el mismo personaje que hace y deshace por conveniencia, aquel que pasea por los medios nacionales proclamándose capaz de unir a los argentinos en tanto sostiene su  credibilidad con alfileres, márquetin y mentiras.
Habría que agregar que tan patética imagen tiene su correlato en la ciudad, con “un imberbe” intendente de cuño privatizador que vino a poner orden en el manejo de los fondos y llama a concursos truchos; que apuesta en la timba financiera la recaudación del municipio; que con los cambios en el transporte favoreció a socios y amigos perjudicando a los vecinos; que prometió parar la caída y lo único que ha logrado es que los baches, el alumbrado, la limpieza, la recolección de residuos y la atención en los dispensarios vengan en picada.

Cuatro décadas largas transcurridas desde el Córdobazo nos obligan a responder con inteligencia. No hay lugar para rebeldías y gestos heróicos como el de Mayo del 69. El Cordobazo de hoy es construir ideas y reunir mayorías, poniendo en práctica los principios de Unidad que hicieron que, a pesar de sus diferencias, Agustín Tosco, Atilio López y Elpidio Torres pudieran pelear codo a codo por una Córdoba para todos.