Poco para festejar, mucho por hacer
Con la pobreza negada sistemáticamente
por un gobierno que nació de la resistencia a la crisis del dos mil uno y el dos
mil dos, los trabajadores argentinos poco tienen para celebrar este Primero de
Mayo, jornada que una vez más se transforma
en lucha y resistencia.
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| La precariedad, el trabajo en negro y el sube empleo siguen siendo realidad |
Sería de necios negar que la “Década Ganada” guarda en sus bolsillos
momentos de esplendor, fruto de un favorable momento internacional que posibilitó
una rentabilidad nacional que no fue repartida con equidad.
Al revés del anhelo de las mayorías y de las promesas que esgrimieron
quienes gobiernan por tercera vez consecutiva al país, las dificultades para
los que viven de un sueldo hoy se hacer ver con crudeza y en manos de pocos la
riqueza se ha concentrado.
No somos nosotros quienes dibujamos esta realidad. Es la realidad con
la que tropezamos y que e lleva, por
ejemplo, a la Universidad Católica Argentina a advertir con preocupación que
hoy en Argentina dos millones doscientos mil menores padecen hambre. Este dato
se convierte casi en crueldad cuando de la misma fuente tomamos nota que el 18%
de los pibes y de los adolescentes soportó inseguridad alimentaria en 2013.
Esta foto del país fue sistemáticamente ocultada o deformada con datos
falsos elaborados por el INDEC y cuando parecía que la verdad sería revelada
por necesidad, la contundencia del fracaso de las políticas aplicadas hizo que
Cristina Fernández y su ministro de economía intentaran tapar el hambre con las
manos escondiendo la información.
La avalancha de críticas recibidas obligó al Ejecutivo a afrontar la
situación y fue el secretario general de la presidencia, Oscar Parrilli, quien
aseguró que el hambre no es una estadística, un dato y que es por ello que para
corregir “el modelo” ha creado seis millones de puestos laborales y aplicado el
Salario Universal por Hijo. No alcanza.
El núcleo duro de la miseria sobrevive y de no meterle mano, se
volverá crónico. Es que pese a la pretendida lucha desatada contra las secuelas
del neoliberalismo, el Estado desde el 2004 ha crecido en sus gastos en 465 mil
millones de pesos y la pobreza solo decrecido en cinco puntos.
El fracaso está a la vista y la receta que Axel Kicillof, por ponerle
un nombre, pretende aplicar recontra conocida,
como que responde a las exigencias del FMI. Otra vez el ajuste es el salario y
el achicamiento productivo con despidos y suspensiones; y el dinero que el
funcionamiento público requiere vendrá de afuera y muy caro.
Más cara resulta todavía la subsistencia de las familias de menores
ingresos, devorados por un alza mensual promedio en los precios de casi 3,5 por
ciento que haría que en octubre la inflación llegue al 31,2 por ciento, cuando
las mejores paritarias han obtenido alrededor de un treinta por ciento de
mejora.
Si la foto del país es dura, la de Córdoba no es mejor. Con la
industria automotriz paralizada por falta de demanda las secuelas comienzan a
mostrarse. En un solo día y sin otro argumento que la falta de ventas, una de
las más importantes fábricas de autopartes dejó en la calle a 35 trabajadores.
Pero frente a la dificultad, la posibilidad de encontrar una salida
crece. Existen hoy posibilidades reales de ir por una propuesta distinta. Opuestamente
distinta. Una posibilidad que nada tenga que ver con el pasado y que nos lleve
a unir voluntades no sólo por estar en contra, sino por estar a favor de una
propuesta que deberemos elaborara con consensos, legitimidad y compromiso. Argentina y Córdoba necesitan un cambio y en
eso estamos comprometidos.
Feliz Día del Trabajador, Feliz Día de Lucha.
