F Pido la Palabra: Cuatrocientos años de la Universidad Nacional de Córdoba

domingo, 2 de junio de 2013

Cuatrocientos años de la Universidad Nacional de Córdoba

Conocimiento, no consignas

Por ser egresado de la Universidad Nacional de Córdoba camino con júbilo la celebración de sus cuatrocientos años, cuatricentenario que en realidad cobrará certeza en 1623, año en el que el Papa Gregorio XV extendiera a los jesuitas la habilitación universitaria, sosteniendo de ese modo el fuerte impulso económico y productivo de la región. Hoy en verdad se cumplen cuatro siglos desde que el Obispo Fernando de Trejo y Sanabria cediera las tierras que ocuparía de por vida la nuestra querida casa de altos estudios y concediera un aporte económico para el sostenimiento del Colegio Mayor.
De todos modos, cualquiera sea la fecha, no puedo dejar de emocionarme cuando tomo conciencia del valor que tuvo en mi vida haber recibido en los claustros de la Facultad de Derecho y Ciencias Social mi título de abogado (para muchos Doctor, aunque resulte un exceso).
Ni que decir cuando asumo la disparidad de criterios que distinguieron a mis compañeros de camada, con muchos de quienes compartí sueños, con otros discutí concepciones y con otros simplemente forjé una relación de respeto y tolerancia por sobre las diferencias, fruto de esa  pluralidad que ha distinguido la vida de la Universidad Nacional de Córdoba, madre de luchadores que hasta pagaron con sus vidas las ideas que levantaron como bandera.
Desde mi posición de observación, nacional, popular y comprometido con las necesidades de las mayorías, de los postergados, la Universidad de Córdoba puesta por la historia por sobre “las” universidades, retiene en su haber un cheque impago que la una de verdad y generosamente a la construcción de una sociedad para todos. Y aunque la deuda exista, sería  de necios negar que en los últimos años una insinuación de apertura está presente. Pero aun reconociendo los cambios ocurridos, la Universidad Nacional de Córdoba sigue siendo más un peldaño de lustre que posibilita las realizaciones individuales, en lo social, en lo económico y en lo político, que un verdadero motor de transformación.
Sigue siendo entonces un enorme desafío romper con el pasado para ubicar a la Reforma del 18 en su sitial reformista, casi enunciativo; aceptar que fue después del 45 cuando por el ingreso de los hijos de obreros la universidad obtuvo carácter popular, aportando un incalculable valor intelectual a la Córdoba industrial; que en el 55 con la Libertadora sus estrados fueron ganados por el liberalismo; que el Cordobazo del 69 la tuvo por protagonista  y que estacionada en los setenta poco y muy despacio ha evolucionado en su compromiso. Hay que decirlo sin dar vueltas: la sociedad del presente necesita de una universidad militante, aplicada a sentar las bases del futuro de la Nación, repleta de sabiduría y superadora de la lucha de consignas.
Transitar un camino cierto en la búsqueda del conocimiento, si es que de verdad usamos la crítica de lo existente para poder avanzar, es ir por las respuestas necesarias hasta superar el orden y el modelo establecido.
Esta determinación debe ponernos al frente de la búsqueda, dejando atrás para siempre la universidad de elites.  Es esa la universidad Emprendedora, que sin dejar de ser masiva, atiende y responde a las necesidades de la sociedad.
Este salto hacia adelante debe producirse desde el compromiso político, con integración, sin sectarismos; difiriendo las ambiciones para meternos en la búsqueda de una rentabilidad social que le de recursos a la Universidad y beneficios a la comunidad en el mejoramiento de la calidad de vida.  Para algunos este paso resulta temerario, llevando la idea a un punto en el que consideran que es esa la no deseada Universidad Empresa para caer en la Universidad como Fábrica de Conocimientos, desligada de la pelea diaria por ser Nación o no ser.
Tal cual están las cosas la investigación universitaria tiende a ser investigación para el mercado y la formación al igual que la labor de investigación resultan de laboratorio, despegando los pies de la tierra. La superación llega si alcanzamos una universidad “militante” en lo social, formadora de individuos con compromiso, gestora de políticas que sirvan a los distintos niveles del Estado.
Si partimos de esta idea deberemos convenir que la información sola ya no construye poder a menos que tenga la forma justa en el momento justo. Los gobiernos y los hacedores de políticas públicas a menudo se sienten impulsados a aprovechar el momento porque las fuerzas sociales y políticas apropiadas se han alineado o porque una crisis los obliga a actuar. Actúan con rapidez y toman decisiones basadas en la información disponible, que no siempre conduce a la política pública más aconsejable. Hoy la Universidad pública no puede ni debe incurrir en este error, resultando inevitable y necesario que actúe y trabaje por encima del color de cada gobierno.
En este marco, bajo estas premisas, queremos reconocer a la Universidad Nacional por su trayectoria y es por ello que he  sido impulsor de los actos que en el Cuarto Centenario de la Universidad Nacional de Córdoba se llevarán a cabo el  martes 4 de  junio, a las 17 horas, en el Salón Azul del Congreso de la Nación.