Aunque para muchos la honestidad y la transparencia son
cualidades perimidas, casi obvias, nosotros seguimos trazando una raya en el
piso para poner de un lado a los honestos y del otro a los deshonestos.
De este último tipo de animales sueltos los hay de todo pelo
y color, pero algunos han sido tan bárbaros a la hora de ejercer el poder
concedido por quienes con su voto le otorgaron confianza, que a la vuelta de la
vida, pasado el viento que los puso como el mejor en el lugar en donde nunca
debieron haber estado, no pueden salir a la calle, pasear por la peatonal,
sentarse en la mesa de un café, ir a la cancha ni disfrutar de un domingo en
familia en un restaurant de la ciudad. No les alcanzan los lentes oscuros para
esconder la desfachatez y por eso cuando salen a la calle se esconden detrás de
los vidrios polarizados de sus coches, con las ventanillas bien altas y su
orgullo por el suelo.
Recuperado en el tiempo por una radio de Córdoba que logró
sacarlo de su madriguera al cabo de muchos años, el responsable de la fenomenal
deuda que la Municipalidad de Córdoba pelea con TECSA por la mentirosa ciudad
virtual con 24 horas de atención que supieron vendernos, agradeció hoy que se
hayan acordado de él, que le hayan dado la oportunidad de responder “después de
un largo tiempo de ausencia pública”, según confesó.
| No alcanzó el esfuerzo por meterlo preso. La condenó la sociedad. |
Guarecido en un countrie, oculto en su estudio; agazapado y
escondiendo su culpa esperó diez años para salir a mentir tratándo de sacarse
los piojos de encima.
"Desconozco los motivos de por qué las defensas
judiciales de la ciudad no se han llevado adelante. No sé si son omisiones o
judiciales (...) Es muy extraño que se llegue a esta cifra, a las apuradas, y
al final de la gestión de una ciudad", dijo el caradura.
Una década no limpia el pasado de este atorrante, escapado
del traje a rayas porque la justicia sigue sin ser Justicia. En Córdoba va en
cana un ladrón de gallinas, pero anda suelto un choro con prosapia trucha.