El sueldo no se toca
En momentos en los que el relato kirchnerista hace agua, el
gobierno debe asumir un conflicto con la Prefectura y Gendarmería. Y digo “debe
asumir”, porque descreo que a 72 horas de suscitarse esta crisis, la Presidente
y sus ministros hayan admitido el problema en los términos en los que se
produjo. Era urgente y excluyente construir una solución considerando que se trataba de una disputa
salarial –a mi juicio totalmente entendible-, atravesada por cuestiones como el
bienestar de sus familias, y a las que se les ha degradado el salario. Las
fuerzas que protestan no tienen la cara pintada con betún, se formaron en la
democracia que sostenemos y entre todos conseguimos, se forjaron bajo un
principio de autoridad, que se deteriora minuto a minuto mientras el conflicto
no se resuelve. Señora Presidente, esto no tiene nada que ver con la conjuras
de fantasmas que desde su gobierno pretenden alimentar.
Pertenezco a un hogar peronista cuyo padre militar murió en
situación de retiro, manejando un taxi y esperando sin suerte que la justicia
reconociera una parte de su sueldo en negro. Mi madre falleció padeciendo la
misma historia con su pensión. Mi hermano que es coronel –con el traje de San
Martín, no con el de Menéndez- sabe que el 60 por ciento de los sueldos de los
integrantes de las fuerzas armadas se integra con suplementos, adicionales y los más diversos
ítems lo cuales no van al básico ni a la jubilación. Sin ruborizarnos,
podríamos hablar de miles y miles de casos de precariedad laboral. Cifras
engañosas que ocultan asignaciones no remunerativas indignantes.
Es preciso tomar la situación con serenidad y mucha
determinación: hay que construir una solución por el camino de la dignidad del
salario.
Pero claro, esto que expresamos con sencillez: la
recomposición del salario, no es materia simple en la diccionario K. Es posible
que también desconozcan el hecho de construir autoridad mediante el ejemplo tratándose
de instituciones alimentadas de autoridad como un hábito vertical inapelable.
Pueden lucir como licenciados en soberbia pero reprobarían el más sencillo y
clave de los exámenes público: dar la cara frente a los yerros propios. Seamos
claros, este gobierno, que se dice progresista, debe saber que un padre que
trabaja debe satisfacer las necesidades de los suyos con una retribución justa,
más allá que su profesión le imponga un mameluco o un uniforme.
No estamos frente ningún Tsunami, pero si no se reconocen
errores y estrategias abusivas, vamos a adquirir nuestra propia tempestad. ¿O
acaso nadie pudo darse cuenta que si blanqueaban los haberes según el fallo de
la Corte Suprema en abril –seguramente bajo la presión del Ejecutivo-
impactarían de manera drástica sobre el bolsillo de los Prefecto? ¿Nadie
imaginó que liquidar los haberes en base a una nueva escala basada en cálculos
sobre el sueldo de 2005 sin antigüedad ni adicionales, golpearía la precaria
economía de los Guarda Costas?
Creo que el sentido común nos dicta que la Ministra de
Seguridad, Nilda Garré debería haber liderado el conflicto hacia un espacio de
cordura y sensatez. Debe reconocer las
equivocaciones y a partir de allí construir respuestas mesuradas, que llamen a
la prudencia y no a la crispación. Y no lo digo sólo como una reflexión, sino
que es mi sugerencia casi hasta el punto de una pretensión.
