Sin fanatismos
Jueves 13, día de mi cumpleaños. Además de un día diferente para mí, decenas de miles deargentinos también lo han hecho distinto. Muchedumbres en todas las pantallas de TV, algunas se detienen en detalles otras muestran como al pasar, pero se mire por donde se mire, muchas plazas del país fueron desbordadas por la gente, pocas cacerolas, banderas argentinas, ninguna cara tapada, cartulinas con fibrones, ausencia de conducción, manos vacías y gargantas llenas.
Hay
malhumor. Flota una sensación que la pelea política se está llevando al
infierno las chances de vivir mejor, de producir más y bien, de trabajar mucho,
de crear con esperanzas. Flota la idea de que donde no había problemas hay que
inventarlos. El gran negocio oficial pereciera ser el enfrentamiento. El gran
deporte nacional es encontrarse a los pechones bien de un lado o bien del otro.
“Ponernos en pecho” para ubicarnos en cualquiera de las bandas del fanatismo.
Una locura.
Pero
lo del jueves 13, si bien se andan peleando los nostálgicos contra los de la
corpo por arrogarse la autoría de la convocatoria, todos saben que nadie le
marcó el norte a esa marea humana. Ese barco no ha tenido capitán de tormentas
en esa noche agitada. O tomamos nota o estúpidamente se lo atribuimos a los
medios desestabilizadores o al “derechoso” Internet. Esa ausencia es el
mayor desafío político que explotó en las plazas y está clamando por hombres de
coraje, con vocación cívica, que se dejen de joder con sus mezquinos sueños,
pequeñísimas vanidades y delirios de salvadores de la patria y que dejen de
jugar a la “rosca” para asumir de una vez por todas la adulta responsabilidad
de una saludable, honesta y transparente construcción política. El
camino central distante del Kirchnerismo bobo y lejos de oposición estúpida
espera sujetos políticos de muy buena voluntad.
Estos
cacerolazos a pesar de algunos no tienen nada que ver con aquel trágico
diciembre del 2001 (Argentina registraba 57% de pobreza, 29% de desocupación
y más del 60% de informalidad económica. Saqueos de supermercados,
represión y muertes). Hay que decirlo!
En
mi Provincia hace 70 días que los ciudadanos marchan. Se agolparon 50.000
trabajadores frente a la casa de Gobierno porque el Gobernador De la Sota
decidió usurpar el aumento a 92.000 Jubilados provinciales durante los próximos
6 meses. Lo hizo violentamente, autoritariamente una noche en la Legislatura Unicameral
arremetió con este saqueo a pura mayoría automática.
A
las dos semanas, 13.000 trabajadores estatales fueron reprimidos ante el
Palacio de Justicia al asentar un reclamo jurídico ante el abuso.
Diez
días atrás, otra vez De la Sota aumentó el precio de los combustibles
llevándolos a la categoría de los más caros del país. Autoritariamente le metió
mucha nafta a la inflación.
No
hay misterios. Si sumamos estas “hazañas” a la imagen de De la Rúa en el
banquillo de acusados, a sus ministros llorando, a nuestro ex Intendente
Giacomino (“el soldado de Cristina”) acusado de corrupción, al actual
intendente Mestre en un congreso de Gastronomía en Perú mientras sus ministros
renuncian vpor las famosas internas partidarias , y al inimputable Gobernador
de Córdoba llamando a un retiro espiritual a sus ministros, las razones que
condimentan las ganas de expresar rabia en las calles se potencian. Estas
fotografías de autoritarismo y corrupción bien cordobesas nos anticipaban la
película nocturna del Jueves 13.
Había
un cartel que gritaba con marcador azul: ”Presidenta, no nos divida, no nos
provoque más”, esa señora, clase media baja, lejos del glamour
destituyente, expresa un clamor popular, un hartazgo y ese hartazgo va como una
flecha hacia un destino más profundo que la imagen de nuestra presidenta
ventilando con colorido histrionismo 60 minutos de prepo en la cadena
nacional. Yo hablo de otra cosa. En el 2001 nadie fue a la Plaza porque
De la Rúa era aburrido.
Hay
que tomar nota de verdad. No hay lugar para nostálgicos ni sordos. Sobra
espacio para la mesura, el sentido común, la honestidad y la mirada crítica a
los fanatismos.
