F Pido la Palabra: A las cacerolas medias, a las cacerolas bajas

lunes, 17 de septiembre de 2012

A las cacerolas medias, a las cacerolas bajas


Sin fanatismos

Jueves 13, día de mi cumpleaños. Además de un día diferente para mí, decenas de miles deargentinos también lo han hecho distinto. Muchedumbres en todas las pantallas de TV, algunas se detienen en detalles otras muestran como al pasar, pero se mire por donde se mire, muchas plazas del país fueron desbordadas por la gente, pocas cacerolas, banderas argentinas, ninguna cara tapada, cartulinas con fibrones, ausencia de conducción, manos vacías y gargantas llenas.
Hay malhumor. Flota una sensación que la pelea política se está llevando al infierno las chances de vivir mejor, de producir más y bien, de trabajar mucho, de crear con esperanzas. Flota la idea de que donde no había problemas hay que inventarlos. El gran negocio oficial pereciera ser el enfrentamiento. El gran deporte nacional es encontrarse a los pechones bien de un lado o bien del otro. “Ponernos en pecho” para ubicarnos en cualquiera de las bandas del fanatismo. Una locura.
Pero lo del jueves 13, si bien se andan peleando los nostálgicos contra los de la corpo por arrogarse la autoría de la convocatoria, todos saben que nadie le marcó el norte a esa marea humana. Ese barco no ha tenido capitán de tormentas en esa noche agitada. O tomamos nota o estúpidamente se lo atribuimos a los medios desestabilizadores o al “derechoso” Internet. Esa ausencia es el mayor desafío político que explotó en las plazas y está clamando por hombres de coraje, con vocación cívica, que se dejen de joder con sus mezquinos sueños, pequeñísimas vanidades y delirios de salvadores de la patria y que dejen de jugar a la “rosca” para asumir de una vez por todas la adulta responsabilidad de una saludable, honesta y transparente construcción política. El camino central distante del Kirchnerismo bobo y lejos de oposición estúpida espera sujetos políticos de muy buena voluntad.
Estos cacerolazos a pesar de algunos no tienen nada que ver con aquel trágico diciembre del 2001 (Argentina registraba 57% de pobreza, 29% de desocupación y más del 60% de informalidad económica. Saqueos de supermercados, represión y muertes). Hay que decirlo!
En mi Provincia hace 70 días que los ciudadanos marchan. Se agolparon 50.000 trabajadores frente a la casa de Gobierno porque el Gobernador De la Sota decidió usurpar el aumento a 92.000 Jubilados provinciales durante los próximos 6 meses. Lo hizo violentamente, autoritariamente una noche en la Legislatura Unicameral arremetió con este saqueo a pura mayoría automática.
A las dos semanas, 13.000 trabajadores estatales fueron reprimidos ante el Palacio de Justicia al asentar un reclamo jurídico ante el abuso. 
Diez días atrás, otra vez De la Sota aumentó el precio de los combustibles llevándolos a la categoría de los más caros del país. Autoritariamente le metió mucha nafta a la inflación.
No hay misterios. Si sumamos estas “hazañas” a la imagen de De la Rúa en el banquillo de acusados, a sus ministros llorando, a nuestro ex Intendente Giacomino (“el soldado de Cristina”) acusado de corrupción, al actual intendente Mestre en un congreso de Gastronomía en Perú mientras sus ministros renuncian vpor las famosas internas partidarias , y al inimputable Gobernador de Córdoba llamando a un retiro espiritual a sus ministros, las razones que condimentan las ganas de expresar rabia en las calles se potencian. Estas fotografías de autoritarismo y corrupción bien cordobesas nos anticipaban la película nocturna del Jueves 13.
Había un cartel que gritaba con marcador azul: ”Presidenta, no nos divida, no nos provoque más”, esa señora, clase media baja, lejos del glamour destituyente, expresa un clamor popular, un hartazgo y ese hartazgo va como una flecha hacia un destino más profundo que la imagen de nuestra presidenta ventilando con colorido histrionismo 60 minutos de prepo en la cadena nacional.  Yo hablo de otra cosa. En el 2001 nadie fue a la Plaza porque De la Rúa era aburrido.
Hay que tomar nota de verdad. No hay lugar para nostálgicos ni sordos. Sobra espacio para la mesura, el sentido común, la honestidad y la mirada crítica a los fanatismos.